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    El hombre y su trascendencia a través de  la espiritualidad Por: Dr. Juan Alfredo Polo Espinosa Imagen de Stock de Canva Pro El problema real de la existencia humana radica en el cuestionamiento: ¿Hay una vida después de la muerte? Esta pregunta que aun sigue siendo planteada por muchos filósofos, teólogos, antropólogos, etc., continua siendo la piedra angular de religiones en su tarea por responder de manera más asertiva a lo que ocurre al atravesar el pequeño umbral de la muerte. Pero ¿De dónde le surge al humano el deseo de trascender? Ernest Blonch (2004), menciona que por naturaleza el individuo nunca se sacia y siempre desea tener algo más, lo que a su vez lo vuelve un ser incompleto pero perfectible, pues de esta necesidad es que surge su superación y deseo de alcanzar algo más. Bajo esta idea Ernest menciona que la trascendencia se genera por una simple necesidad: supervivencia. La trascendencia es la acción de moverse de un lugar a otro, lo que de entrada sig...

El suicidio. De la epidemiología mexicana a Jean Amery

 

El suicidio. De la epidemiología mexicana a Jean Amery

Por: Diana Sotelo Herrera

Imagen creada con IA



Introducción 

El texto gira en torno a una reflexión que se deriva de la lectura de “Levantar la mano sobre uno mismo. Discurso sobre la muerte voluntaria” de Jean Améry de 1999. Esta reflexión se sitúa en el contexto mexicano con la intención de ofrecer una visión específica del fenómeno sin caer en prejuicios ni en defensa de favor o en contra de algún punto de vista. 

Este escrito está conformado por tres apartados: 

1. Epidemiología del suicidio en México, en donde se revisa brevemente el perfil de las personas suicidas, factores de riesgo y recomendaciones en cuanto a la prevención y atención del problema;

2. Revisión de concepciones teóricas, históricas y sociales en torno al suicidio en donde sobresale el estigma, la condena cristiana y la imposición de la perspectiva biomédica como filtros para mirar los fenómenos, que si bien, son una parte de naturaleza biológica por tratarse de los cuerpos humanos, éstos están insertos en contextos sociales, culturales e históricos específicos y, 

3. Breve repaso de la postura crítica de Jean Améry sobre la muerte voluntaria en donde el foco de interés del autor se coloca en la libertad de la persona de decidir si continua o irrumpe su permanencia en la imposición de la lógica de la vida. 

Finalmente se concluye que el tema del suicidio en ningún momento se termina dada la complejidad de todos los factores que influyen en que se lleve a cabo. Se privilegia la perspectiva de sumar miradas para poder estar más cerca de la comprensión y de un abordaje efectivo tanto para la prevención como la atención de los supervivientes. 


Desarrollo

No son pocas las voces dentro de la academia que afirman que el suicidio es un problema de salud pública que está presente en todas las sociedades y que, en los últimos años, ha ido en aumento, siendo los hombres, la población mayormente afectada junto con los jóvenes. (Dávila Cervantes, C. y Pardo Montaño, A.,2020:2) En cuanto a las mujeres, también la incidencia de casos va en aumento; sin embargo, no sobrepasa el nivel de afectación de los hombres. Si bien, las mujeres son quienes hacen mayores intentos de suicidio, son los hombres quienes consuman el suceso en mayor proporción (Dávila Cervantes, C. y Pardo Montaño, A.,2020:10) 

De acuerdo a un estudio sobre la carga de mortalidad por suicidio en el país en un lapso de tiempo de 1990 a 2017 (2020); se vio un aumento sostenido en dos períodos (1990-1997 y 2006-2010) hasta el 2010. Este aumento puede explicarse debido a las adversidades de los variados contextos que rodean la experiencia de las personas: condiciones sociales, económicas y demográficas por ello, “No sorprende que en los dos periodos de mayor incremento se dieran dos de las principales crisis económicas del país en los últimos 30 años (1994 y 2008); aunado esto se ha dado un deterioro social del país a partir de 2007 con el aumento de la mortalidad por homicidios”, el acceso restringido al bienestar, educación y el trabajo bien remunerado (Dávila Cervantes, C. y Pardo Montaño, A.,2020:11).

Ante este panorama, algunos expertos hablan de que la prevención del suicidio debe considerar estrategias de múltiples naturalezas para poder abordarlo de manera integral: 

“(…) la identificación y tratamiento de los sujetos con trastornos mentales promoviendo la salud mental; incrementar el acceso a la atención de salud; promover una reducción del consumo nocivo de alcohol y de sustancias; limitar el acceso a los medios utilizables para suicidarse como el control de armas de fuego; promover una información responsable por parte de los medios de difusión; y una mejor capacitación del personal de salud en el manejo de los trastornos mentales y por abuso de sustancias.” (Dávila Cervantes, C. y Pardo Montaño, A.,2020:12). 

Existe un consenso en que los principales exponentes del estudio del suicidio como fenómeno son Sigmund Freud y Emile Durkheim. También, existen dos modelos de comprensión teórica al respecto: modelo estrés-diátesis y el modelo del suicidio como proceso, independientemente de las aportaciones que realiza la Suicidología como rama especializada (Aranguren, 2009: 24). 

Como puede esperarse, el suicidio es un fenómeno bastante complejo debido a las repercusiones simultáneas en distintas esferas de acción de las personas que deciden optar por esa alternativa y las personas allegadas a ellas.

Gracias al enfoque sociológico impulsado por Durkheim, se sabe que “(…) el suicidio no corresponde a ninguna entidad sicopatológica específica, tampoco puede ser reducido a un resultado de un estado de angustia del propio sujeto, ni adjudicado solamente a ciertas condiciones adversas identificables en determinado grupo social” (Arangure, 2009:24). 

Dos de las aportaciones son que la naturaleza de ese hecho es social, así como las causas antes de ser solamente individuales y patológicas y segundo, estableció tres tipos de suicidio: altruista, egoísta y anómico. Algunos de los factores (de riesgo) que Durkheim considera indispensables al momento de mirar el suicidio son el individualismo excesivo y que este fenómeno variará de acuerdo al grado de integración en la sociedad y en los distintos grupos en los que está inserto el individuo (Aranguren, 2009: 24).

En el caso de Freud, el principal exponente del psicoanálisis, establece que el suicidio es “el desenlace del conflicto psíquico” en pacientes con neurosis en donde puede identificarse los “autorreproches, las constantes críticas del sujeto hacia sí mismo, las conductas autoagresivas y la hostilidad del cual el yo es objeto, son indicios del sadismo vuelto sobre el propio yo por introyección del objeto, lo que, según Freud, revela el enigma de la inclinación al suicidio en esta enfermedad” (Aranguren, 2009:25). 

Por otro lado, el modelo de estrés-diátesis habla de que el fenómeno suicida se deriva de la interacción de la genética y el medio ambiente, dado que sostienen que hay una transmisión familiar de la propensión a la impulsividad, la agresividad y las conductas suicidas.Existen otros factores desencadenantes de la conducta suicida como “traumatismos craneales, baja actividad serotonínica, abuso de sustancias, entre otros”. 

En cuanto al modelo del suicidio como proceso enfoca el acto suicida en donde intervienen las características individuales y el medio ambiente en un “continuo destructivo” en donde se puede presentar “un bajo riesgo suicida hasta un alto riesgo suicida” (Aranguren, 2009:25) dependiendo de los contextos específicos. 

A continuación, se hará un breve recorrido sobre lo que Almanza (2020) llamó como “perspectivas de rechazo” en torno al suicidio. Dichas perspectivas consisten en la visión religiosa (cristiana), moral-social (secular) y patológica (biomédica). 

En cuanto a la perspectiva cristiana, resaltan los pensamientos de Santo Tomas Aquino y San Agustín quienes sostienen que el suicidio es una violación de, por lo menos, dos mandamientos divinos: “no matarás” y “no robarás” (pág.1). 

La perspectiva cristiana equipara el suicidio con un homicidio; lo ve como un acto pecaminoso y de robo a los dioses, así como una transgresión de la ley natural. Si bien, se condena el suicidio, el cristianismo valora las motivaciones y si éstas son más allá del individuo y está relacionado con el honor, la tradición o el bien común (sacrificio o martirio), es mirado con buenos ojos (Almanza, 2020).

Por otro lado, el rechazo secular del suicidio está relacionado con que se considera un desatino al poner en peligro la preservación de la especie por medio de la renuncia al instinto de la autoconservación, y en otro lugar, también se considera un acto de cobardía y de falta con los deberes de la persona con su sociedad, por lo tanto, los únicos que pueden realizar esta aberración es los enfermos o los locos. Una perspectiva es ver el suicidio como un hecho contra Dios y la otra perspectiva es verlo como una falla para con el bien común, la dignidad humana y contra sí mismo (Almanza, 2020:12-14). 

La otra perspectiva que podría bien ser parte de la secular, es la patológica. Esta perspectiva mira el suicidio como una consecuencia de una enfermedad o trauma; es decir, la persona que opte por el suicidio pasa a ser una persona perturbada, loca y con una evidente pérdida del Yo por alguna adversidad con la que “no supo lidiar”. Por lo tanto para la lógica de la vida que el sistema impone, la única vía de bienestar ante el échec es el suicidio o tratamiento psicológico y psiquiátrico. 

Ante este panorama, el autor de “Levantar la mano sobre uno mismo” ofrece una perspectiva crítica sobre lo que se conoce coloquialmente como suicidio. Su perspectiva invita a mirar el fenómeno como “muerte voluntaria” y un producto de la toma de decisiones, libertad y autonomía de una persona para encargarse de finalizar su relación con la Vida que la sociedad le impone. 

Visto de manera más íntima, el libro es conmovedor por el nivel de la defensa de la autonomía y de la libertad, humanas para desertar de la lógica de la vida, romper lazos sociales y enfrentarse al miedo primario de las personas: el miedo a la muerte. Lo interesante de su propuesta es el llamado a replantear la perspectiva con la que se mira la muerte voluntaria que “parte de una decisión libre, a la que no necesariamente precede una patología mental y que, al ser un acto voluntario y autónomo, no implica ninguna falta de orden religioso, social ni moral” (Almanza, 2020: 6).

Habla de que este fenómeno ha sido nombrado y visto por las personas que no son cercanas a la experiencia, por lo tanto, hay distanciamiento, extrañamiento y juicios, por lo tanto, para poder mirarlo de otras maneras es importante dar voz a las personas que lo viven, premeditan y consuman esta “forma de auto-afirmación que emerge de una profunda desazón existencial o “échec””. 


Conclusiones


Como podemos observar, el suicidio ha tenido a lo largo de la historia una serie de valoraciones que han reforzado un estigma gracias a las apreciaciones religiosas, científicas, médicas y sociales debido a que confluyen la vida, la muerte y la decisión. Estos tópicos han sido ampliamente debatidos en los campos filosóficos, teológicos, de las ciencias sociales, humanidades y bioética. 

Más allá de estar a favor o en contra de lo que plantea Améry, me parece importante saber distinguir cuáles son las valoraciones que impiden que se mire el fenómeno del suicidio como complejo, multicausal y algo más allá de la patologización. Esto, permite establecer desde su epistemología, su metodología y su aplicación en la intervención, horizontes y miradas más amplias. 

Por lo anterior, me refiero a que históricamente, el suicidio ha sido concebido como crimen, enfermedad o pecado; mientras que otras perspectivas como de Jean Améry ofrece la posibilidad de mirarlo como el derecho y la toma de decisiones de manera libre y autónoma de una persona al negarse a atender los requerimientos de la lógica de la vida. 

Hablar de suicidio sin juicios de valor es dar la voz a las personas que tienen por proyecto de vida su autoaniquilación, mirar los alcances de las decisiones de las personas, su dignidad, su autonomía y su libertad. 

Para concluir, se agrega que dada su complejidad del fenómeno del suicidio la inter y multidisciplinariedad y la multiplicidad de voces, no solamente la del observador sino de quienes lo viven en experiencia y cuerpos propios.


Bibliografía

  • Aranguren, María (2009). Modelos teóricos de comprensión del suicidio. I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVI Jornadas de Investigación Quinto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. 
  • Gutiérrez-García, Ana G., M Contreras, Carlos y Orozco-Rodríguez, Rosselli Chantal (2006), El suicidio, conceptos actuales, Salud Mental, Vol. 29, No. 5, septiembre-octubre 2006, pp. 66- 74. 
  • Amador Rivera, Gonzalo H., (2015), Suicidio: Consideraciones históricas, Rev Med La Paz, 21(2); Julio - Diciembre 2015, pp. 91-98. 
  • Almanza C, Diana Carolina (2020), “Levantar la mano sobre uno mismo”: Jean Améry y su crítica a la condenación moral del suicidio, Monografía para optar al grado de Filósofa, Directora: Catalina González Quintero, Departamento de Filosofía, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Colombia. 
  • Dávila Cervantes, Claudio Alberto, Pardo Montaño, Ana Melisa, (2020), Estudio de la carga de la mortalidad por suicidio en México 1990-2017, Rev Bras Epidemiol, 23: E200069, pp. 1-14.  

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